orando

APRENDIENDO A ORAR

Texto clave: Lucas 11: 1 Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.

Los discípulos veían con frecuencia a Jesús orando y a demás sabían que la paz que reflejaba Jesús, el dominio propio y la serenidad, incluso ante las trampas y el asedio constante por parte de los dirigentes de aquel entonces, todo esto era el resultado del tiempo que pasaba en oración.

Que maravilloso seria que también nosotros seamos conocidos como personas de oración. Que ante las dificultades o las provocaciones que se nos presenten, reflejemos esa paz y serenidad que reflejaba Jesús, como fruto de nuestra experiencia diaria de comunión con Dios. ¿Es eso posible? Por su puesto que es posible, según la Palabra de Dios.

En una ocasión, al verle orando, cuando terminó, uno de sus discípulos se acercó a Jesús y le dijo: Señor, enséñanos a orar. Es importante notar que el discípulo, cuyo nombre no se registra, podía ser uno de los doce o uno de los setenta, pero ese discípulo no pidió solo para sí: ‘’Señor enséñame a orar,’’ más bien pidió para todos: ¡enséñanos a orar! Es importante notar ese detalle. Aquí hay una lección para nosotros. Es el deseo y plan de Dios que nos despojemos de todo egoísmo y en vez de concentrarnos en pedir y pedir para nosotros mismos, nos preocupemos por las necesidades de los demás y pidamos por ellos, así como por la iglesia de Dios. Al presentarse este discípulo con este pedido es entonces cuando Jesús, les enseña la oración modelo, el Padre nuestro:

Lucas 11:2-4 2 Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 3 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal.

El padre nuestro es solo una oración modelo. La inspiración dice: ‘’La oración que Jesús pronunció en respuesta a este pedido no tiene una forma ampulosa (es decir, con palabras rebuscadas), sino que expresa con sencillez las necesidades del alma. Es corta, y se refiere directamente a las necesidades cotidianas. Cada alma tiene la ventaja de presentar al Señor sus necesidades particulares, y de ofrecer sus acciones de gracias personales por los beneficios que recibe cada: día. Pero las numerosas oraciones largas, sin vida, y sin fe, ofrecidas a Dios, en vez de ser un gozo para él le son una carga.’’ Testimonios Selectos tomo 5 cap. 47

Cuan a menudo hemos escuchado la expresión: yo no sé orar!

Todos tenemos amigos con los que frecuentemente conversamos, de cualquier cosa. De nuestros logros, de nuestras preocupaciones, de nuestras alegrías y de nuestras tristezas. A veces hay personas que están pasando por un agudo momento de depresión, por alguna situación que les acongoja y tan solo necesitan de alguien que les escuche. Con solo encontrar con quien hablar y desahogarse, esa persona siente un gran alivio.

El Camino a Cristo dice: ‘’Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.’’

De seguro que, al hablar con un amigo, no pasamos el tiempo elogiándolo, halagándolo o exaltándolo, porque de seguro que, si es una persona sensata, en algún momento evitará entablar conversación con nosotros, pues dirá: ‘’este es solo un adulador y no me gusta escucharlo.’’ Al hablar con un amigo, hablamos de todo lo que nos pasa. Y dependiendo del grado de amistad que haya, tendemos a dedicar mucho tiempo a hablar con los amigos. ¿Cuánto tiempo dedicamos diariamente a la oración?

El tiempo y la frecuencia dedicados a hablar con un amigo, determinará el nivel de confianza que alcanzará esa relación de amistad. Es decir, mientras más comunicación haya entre dos amigos, más se profundiza y se fortalece la relación de amistad y más confianza se genera entre ambos. De tal forma que, mientras más cultivamos la oración, más se desarrollará y fortalecerá nuestra confianza en nuestro amante Padre Celestial.

Orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios hasta nosotros, antes bien nos eleva a él.

Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar a Dios sus necesidades diarias y a echar toda su solicitud (ansiedad) sobre él. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían oídas, nos es dada también a nosotros.’’ El Camino a Cristo pág. 92

Si tenemos un amigo y solo acudimos a él y le hablamos cuando tenemos una necesidad, de seguro esa amistad no durará mucho tiempo, pues el amigo tarde o temprano sentirá que solo es usado para suplir en momentos de necesidad.

De igual manera, no debemos hacer de la oración un instrumento para acudir a Dios cuando estamos en necesidad o pasamos por un momento difícil. La oración debe ser un estilo de vida. Debemos cultivar el habito de orar, de hablar con Dios siempre. Mientras realizamos las tareas del hogar, en el lugar de trabajo, en el lugar de estudios, cuando hacemos una transacción, cuando vamos a tomar una decisión, en fin, constantemente debemos elevar nuestro corazón a Dios en oración.

Los discípulos eran las personas más cercanas a Jesús, ellos veían a Jesús orar, veían a Jesús como una persona de oración. Por ello le dijeron a Jesús: ‘’Señor, enséñanos a orar.’’ Y Jesús, les enseñó la oración modelo. El Espíritu de Profecía, también nos habla de cómo debemos orar.

Una vez asistí a un seminario de predicación, y el pastor que impartía el seminario decía que ‘’se aprende a predicar, predicando’’, es decir, si quiere aprender a predicar, predique. Si quiere aprender a dar estudios bíblicos, dé estudios bíblicos.

Ahora bien, lo que hacemos durante el día revela lo que son las prioridades en nuestra vida. Y si eso es cierto, ¿dónde está Dios? ¿Cuánto tiempo dedicas cada día a la oración?

Es común que en este mundo tan agitado, lleguemos a la conclusión de que no tenemos tiempo o tenemos muy poco tiempo para orar. Martín Lutero, el gran reformador, fue un profesor de la universidad a tiempo completo, un autor prolífico, pastor de una iglesia tiempo completo, y además ayudó a otras iglesias a encontrar la verdad del evangelio. O sea, era un hombre sumamente ocupado. Y sin embargo, Lutero expresó: “Tengo tantas cosas que hacer, que pasaré las primeras tres horas orando” — Martin Lutero.

‘’Se dice de Cristo: «Y estando en agonía, oraba más intensamente» (Luc. 22: 44). En qué contraste con esta intercesión de la Majestad del cielo están las oraciones débiles y tímidas que se ofrecen a Dios. Muchos se conforman con un servicio nominal, y solamente unos pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso de Dios.’’ Testimonies, tomo 4, págs. 534, 535

Así como dedicamos tiempo cada día para hablar con nuestros amigos y compartir cada experiencia con ellos, dediquemos tiempo de calidad, como lo hacía Jesús para hablar con Dios a través de la oración. Es sencillo. Solo habla con El cómo lo harías con un amigo. Si como los discípulos quieres aprender a orar, ora.

Al cerrar tus ojos habla con Jesús de lo que sucedió en tu vida; cuéntale de tus preocupaciones, de lo que deseas hacer, de lo que perturba tu mente; de tus miedos. Hay mucho de qué hablar con Jesús. ¿Te gustaría hablar con Él? Abre tu corazón a Jesús en oración! Él es nuestro mejor amigo!

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